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La dama blanca de la casa
encantada de San Isidoro

Buscando los misterios eternos de esta ciudad les propongo que pasee por nuestro casco histórico, por la calle Cuna o la Plaza de El Salvador, deténgase aquí y deguste la gastronomía sevillana de las tapas o cualquier copa en los bares frente a la remozada iglesia, si estuviera abierta entre en el templo y admírese con la extraordinaria rehabilitación de este insigne templo sevillano. De su interior dos hermandades procesionan en nuestra Semana Santa: el Amor y Pasión, no pierda detalle del crucificado o de su nazareno, son obras de arte de incalculable belleza.

Al salir de la iglesia suba la empinada Cuesta del Rosario y desembocará a San Isidoro, popular por tener en sus cercanías la Plaza de la Alfalfa; en San Isidoro sumérjase por sus callejuelas angostas, de adoquines gastados y arcaica arquitectura, doble la esquina y cerca de la calle Muñoz y Pavón nos vamos a encontrar con nuestra mensual cita con el misterio… Existe una casa en la que su ya único inquilino no pertenece a este mundo. Dominada por un patio central con hermosas columnas, esta casa de dos plantas tiene un terrible secreto… Ni sus habitantes pudieron soportarlo y decidieron abandonarla para ir a vivir a una casita de la periferia sevillana.

Tras remodelar la casa e invertir un buen capital en ella, por las noches, los hijos del matrimonio acudían raudos a la cama de sus padres en otra estancia del inmueble aquejados de un miedo sin igual, contaban asustados como en su habitación entraba una señora que paseaba y se quedaba mirando a través de una de las ventanas…

La pareja adulta creía que eran invenciones de niños y decidieron no darle mayor importancia. Los días pasaban y aquella actitud de sus hijos no variaba.

Una noche hubo toda suerte de anomalías eléctricas en la casa, en la oscuridad, el cabeza de familia distinguió una bella dama que entraba en la habitación de sus hijos… Apresurado, sudoroso, tembloroso y víctima de la tensión del momento rodeó el patio apoyándose firmemente en la barandilla.

El patio estaba solitario y no había ruidos, aquella sensación de soledad era inquietante. Cuando llegó a la puerta de la habitación comprobó con estupor como aquella bella dama permanecía de pie junto a una de las ventanas que daba a la calle trasera, allí inmóvil parecía esperar a ese amor que jamás volvió… 

En la cama los niños dormían con las sábanas casi cubriéndoles la cabeza. La dama se giró y puso su dedo sobre la boca, pidiéndole silencio al nuevo propietario y tras ese gesto se desvaneció… La sensación de nuestro joven inquilino  fue tal que al día siguiente abandonaban la recién estrenada casa para buscar la tranquilidad del Aljarafe sevillano… 

La casa, hoy día, permanece cerrada teniendo como único habitante a una misteriosa dama que aún espera asomada tras una ventana.

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