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Mezquita
de Córdoba

La mezquita más grande del mundo.

Son las catedrales, lugares construidos sin dejar nada al azar, con un conocimiento y una magia lejos de nuestra comprensión. Ejemplos de ello tenemos en nuestra Andalucía, desde Sevilla a Córdoba pasando por otros muchos enclaves en cuya construcción hay un secreto que sólo conocieron sus constructores.

La Mezquita de Córdoba es un espacio sorprendente, nada más entrar en ella nos conmueve su sentimiento difícil de explicar. Es un bosque pero no es un bosque cualquiera, es un bosque de columnas que se pierden entre un inmenso laberinto de arcos en un juego de luz y colores maravilloso.

La Catedral de Córdoba nos recibe para que nos  adentramos por ese inmenso monumento que en su emplazamiento también tiene la magia y secreto de las culturas desaparecidas.

Antaño Córdoba era un poblado ibérico en el 106 a.C., comenzó a tener una notable importancia en tiempos del Imperio,  núcleo destacado por los romanos al mando de Lucio Mario aunque alcanzó su máximo esplendor dominación musulmana, entre los emires Omeyas, aunque no exentos de luchas interna de poder.

Fue Abderramán III el que acabaría con aquellas disputas y dejaría consolidado lo que es el califato de Córdoba, aún tiene la ciudad califal los vestigios musulmanes de aquella dorada época que le tocó vivir.

La Mezquita se atribuye a Abderramán en una época en el que el califato de Damasco tenía una suprema importancia, año 756; cuando se proclama la independencia del Islam occidental en el año 780 se decide construir la mezquita más grande del mundo en un emplazamiento igualmente marcado: una iglesia visigótica.

Se trataba de la iglesia de San Vicente y su construcción se alargaría por los reinados de Abderramán I,  Abderramán II y Alhaken II terminándose en el año 987. En su interior hay casi 1.000 columnas y arcos que son la máxima representación artística de lo que hoy es el arte califal en una construcción sagrada.

La Mezquita de Córdoba  está  construida sobre un lugar especial: un promontorio junto al Guadalquivir en un estereotipo de construcción que parece repetirse en casi en todas las culturas y religiones.

Habitualmente sobre un templo de la cultura invadida se construía el nuevo templo de los invasores y con ello siempre se asimilaba el poder del mismo así como el recuerdo de lo antaño estaba erigido en aquel mismo lugar.

La Mezquita se alza en un lugar elevado, se considera un lugar de poder que se debe de tener en cuenta porque de ella emana una energía especial.

Curiosamente, y según los estudios realizados al respecto, antes que el templo visigodo se cree que existía un templo romano. Todo ello se argumenta tras haber encontrado allí una columna milenaria cuando en el siglo XVI se realizaba una obra en el crucero de la catedral. Así la elección del lugar para erigir su templo sagrado no sería fruto del azar sino que ya lo eligieron romanos, visigodos, árabes y cristianos para erigir sus templos sagrados.

Visita una maravilla de la arquitectura islámica

La Mezquita, tiene otra particularidad: no mira a La Meca sino a Damasco. Está dividida en varias partes bien diferenciadas: el alminar, Patio de las Abluciones o el lugar de la Purificación y la sala de oración, además destacan sus doce puertas (como los meses del años, los apóstoles, los signos del zodiaco…), la destacada de San Esteban y la principal o Puerta del Perdón.

Un edificio con una historia como ninguna otra

En la Mezquita el Patio de las Abluciones es un espacio muy simbólico, mágico, pues está destinado a un fin muy concreto que era el que antes de entrar sala de oración era preciso que los fieles se purificaran, así se realizaba una acción simbólica de limpieza de los cinco sentidos. El agua usada tenía, igualmente propiedades extraordinarias, pero hace tiempo que desapareció.

La Mezquita de Córdoba es un lugar mágico que se encuentra en un lugar de poder y como lugar de poder tiene un maravilloso influjo sobre el ser humano que nadie debería de perder la oportunidad de visitar y dejar que su cuerpo y su mente entre en comunión con las energías que de su interior emanan.

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